Soy banquero millonario y también ladrón de guante blanco; extorsionador, criminal, y no se cuantas cosas más junto con mis legionarios, esos a los que vosotros llamáis políticos. Os digo que me río de todos y cada uno de vosotros. Niños, niñas, hombres y mujeres, ancianos y ancianas de cualquier parte del mundo prestad atención y fijaos hasta donde alcanza mi poder, el poder que vosotros alimentáis con vuestra complicidad y vuestro silencio. Tanto poder no habría sido posible sin vuestra cooperación y desidia. Vosotros habéis engrasado el sistema que me encumbra.
Lleváis casi 5 años dándome dinero para que mi empresa no cierre debido a mis propias equivocaciones. Cierran pequeños negocios familiares, la gente pierde su trabajo y su medio de vida y aquí estoy yo, resistiendo la peor crisis económica gracias al sudor de vuestra frente. Yo soy el fundamento de ese sistema que vosotros defendéis con más de treinta años de intereses y que tan seguro os hace sentir. Les robo, no financio vuestros míseros proyectos de gente corriente y así consigo pagar sueldos indecentes, indemnizaciones millonarias, beneficios que ni alcanzan ni a imaginar. Sois tan insignificantes que aún siendo todo de dominio público seguís dándome vuestro dinero, lo seguís ingresando fielmente en mis cuentas y así puedo seguir especulando con el precio de los alimentos en el mercado internacional o con el del último producto de tal o más cual empresa farmacéutica o si me apuras, en el no menos rentable negocio de la guerra. Soy tan sinvergüenza que soy capaz de invertir en vuestro país en proyectos sociales con el mismo beneficio que proporcionan mis acciones en el negocio de las bombas de racimos. Pero tranquilos, que esas siempre explotan a miles de kilómetros de mi despacho y de vuestras patéticas vidas. Protestáis, pero seguid confiando en mí.
Así mismo… autorizo a mis legionarios a tener un sueldo que comparado con el vuestro me hace reír. Financio los proyectos y “aspiraciones políticas” de cada uno de ellos y así me garantizo su fidelidad. Recuerden que ellos al fin y al cabo, también son humanos.
Lo que más me divierte de todo esto son vuestras ansias de trabajo. Haríais cualquier cosa por dinero. Trabajaríais hasta doce horas diarias totalmente alienados, aceptaríais trabajar en una fábrica que contamina la tierra y los mares de donde sacáis el alimento para vosotros y vuestros hijos. Haríais cualquier cosa por dinero y eso precisamente es lo que los hace totalmente vulnerables. Ni tan siquiera cuestionáis que es el sistema monetario el que los condena a semejante esclavitud de invertir cada segundo de vuestras existencias en mi beneficio. Yo también trabajo por dinero, pero YO SOY EL DINERO; vosotros la estadística para conseguir aún más.
A veces y sólo a veces, en un rapto de decencia y compasión he llegado a querer gritadles: Despertad, ¿no veis que ya no podéis dadme más?
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada